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La Coctelera

ellahablasola

10 Agosto 2005

Sobrevivir

Me gusta mirar la Luna. Blanca y redonda como un pandero; fina y de oro como un plátano; creciente y diosa de mareas; nueva de esperanza. La luna todo lo sabe porque todo lo ve y en todas partes. Anochece en Bollullus del Condado, y sale la Luna; anochece en la mansión blanca del presidente de algún poderoso estado o país, y sale la Luna; anochece en Irak, y sale la Luna; anochece en África y la Luna baña de plata el hambre; se nos anochece el mundo, pero sale la Luna. Ahí está, impertérrita, mirando pasar los siglos de uno en uno. Y nosotros, los hombres, aunque no nos sentimos demasiado avergonzados de nuestros actos, la tenemos enfilada, se la tenemos jurada, entre ojo y ojo la tenemos: por mirona. Ella nos conoce, sabe que somos capaces de sangrientos holocaustos. Averigua insospechados escondrijos de basuras radiactivas y armas de aniquilación in situ. Ve el exterminio sistemático que llevamos a cabo con otras especies del planeta Tierra. Se eclipsa ante la contaminación de los mares, de los ríos, del aire que a duras penas respiramos. Siente vergüenza ajena frente a la desnudez a la que hemos condenado a los bosques, al Amazonas, al terreno propio y al de ese vecino que aún no reúne los medios necesarios para poder desnudar por sí mismo. La acobardan los muertos que guardamos en los armarios. Enmudece cuando gritamos de ira en rebaño humano. Palidece de horror con tanta injusticia cubierta por leyes caducas, con tanta mentira poco piadosa, con tanto morro que tiene quien puede, con tan poca vergüenza histórica, con el despilfarro de tanto bien genético, con la muerte en un puño y la rabia por montera y la venganza en los dientes y los dientes afilados como silbidos de bala.

Pero ella, la Luna, sabe también que el hombre vino a la Tierra con una mano delante y otra detrás. Sin garras vino, sin rugido feroz, mondo y lirondo su pellejico escuálido. Hasta un mosquito tenía más defensa que el hombre. Nada en el mundo apostaba por su singracia. Y esta pobre criatura, parida monda por la Naturaleza, sobrevivió como pudo y, a ratos, como no pudo. Aprendió que dos y dos son cuatro mil palos que te pueden dar; que si tienes un buen garrote despiertas más respeto que sin garrote; que hay que ser más animal que los animales para sobrevivirle al día; que cuando aprieta el frío el sin techo muere; que la comida corre que se las pela; que si te pisa un dinosaurio estás jodido. Y aprendió a cubrirse su pobre pellejico escuálido con los dientes, con piel de animal y con rabia y con venganza y con silbidos de bala. Y se hizo malo.

Sólo que, entonces, ocurrió algo extraño. Ocurrió que, mientras silbaban las balas dentro de los países o de unos países a otros, el hombre pintó el Guernica; y mientras el exterminio de las especies era ya asunto que clamaba al cielo y apenas nos quedaba perro que nos ladre, el hombre compuso la Sinfonía del Nuevo Mundo; y mientras el Amazonas estaba siendo reducido a cuatro pinos y un par de margaritas, el hombre, incompresible porque sí, escribió el Quijote y construyó la Capilla Sixtina y pintó sus paredes y las paredes de las Cuevas de Altamira y rodó Vértigo y un coro de peregrinos entonó Tannhauser a los cuatro vientos y jugó el hombre a crear música con las palabras que también creó:

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

La Luna, que todo lo sabe porque todo lo ve y en todas partes, sabe cosas del hombre que el mismo hombre desconoce. La Luna, diosa de las mareas, conoce el misterio de nuestro origen. La Luna, blanca y redonda como un pandero, nos vio llegar de dondequiera que llegáramos y ve adonde vamos a ir parar. La Luna nos mira, mira.

A mí me gusta mirarla a ella porque bajo el Sol no hay nada nuevo, me gusta mirarla porque sé que ella me mira, me gusta demostrarle que soy lo suficientemente perversa como para no extinguirme, que soy capaz de continuar contra todo viento y sus mareas, que estoy aquí de momento, pero que puedo llegar allí. Ojo, Luna.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Alberto

Alberto dijo

Acabas de llegar, pero has irrumpido con fuerza. Adelante, bichito, que lo haces muy bien!

10 Agosto 2005 | 11:16

elenamorado

elenamorado dijo

necesito en mi vida un bicho sensible como tú

15 Octubre 2005 | 09:37

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